Palestina 

Desde que viajé por primera vez a Palestina en diciembre de 1995, para poner en marcha un proyecto de cooperaciónal desarrollo, he podido ver con mis ojos y a través de las experiencias de amigos y colegas que viven allí, los altibajos que ha experimentado el proceso de paz en todos estos años. Y una de las cosas que he aprendido es que tanto los eventuales avances positivos como las amenazas de inminentes catástrofes deben abordarse con cautela.

 

De esto hace ya más de veinticinco años, y desde entonces la FPSC ha tenido una presencia continuada en esta tierra trabajando junto a nuestros socios locales en favor de las personas más desfavorecidas. 

Ayer sin duda fue una jornada histórica en el camino hacia el reconocimiento de un Estado palestino. El Parlamento español, al igual que hace poco lo han hecho el Parlamento inglés y el irlandés, ha aprobado prácticamente por unanimidad una proposición no de ley en favor del reconocimiento de Palestina como Estado independiente. Parece que el Parlamento francés albergará una iniciativa semejante este mismo mes. Suecia va por delante, pues es el primer país de la Unión Europea que ha reconocido oficialmente a Palestina como Estado. Todos los pasos adelante en este terreno sin duda alimentan la esperanza de un futuro en paz. Y no es poco. Pero no deja de ser un paso más bien simbólico. Porque para que haya futuro y haya paz ambas partes tienen que sentarse de una vez a negociar. Y eso ya se ve que no es fácil. Hace poco leía en un blog la opinión de un periodista israelí, Noam Sheizaf al respecto: Ese es el momento en el que los israelíes, necesitamos tener un debate honesto sobre el tipo de acuerdo que preferimos negociar. Tal debate no puede existir ahora, porque la única cosa en la que todos podemos estar de acuerdo es prolongar el status quo.

 

Además, el acuerdo del Parlamento español se produce en un contexto de enorme violencia en Jerusalén, cuando casi cada día estamos presenciando la muerte de personas inocentes –personas que bajan de un tranvía, conductores de autobuses, fieles que rezan-, me da igual de qué lado estén. Algunos medios (como el diario israelí Haaretz) hablan de una «Ola de terror palestino que empieza a parecerse a una guerra religiosa». Y aquí si que entramos en un terreno delicado. No podemos olvidar que la última espiral de ataques de uno y otro lado comenzó a finales de octubre, con la polémica sobre la Explanada de las Mezquitas y la pretensión de un grupo de judíos radicales de rezar en una zona de Jerusalén que no sólo tiene un enorme valor religioso para los musulmanes, sino que ha estado gestionado por sus autoridades prácticamente desde el siglo VII. El asesinato ayer mismo de unos fieles judíos que rezaban en una sinagoga, no hace sino alimentar el temor de que el enfrentamiento adquiera tintes religiosos.

 

Así que con este panorama, por supuesto que me congratulo por los pasos que el futuro Estado palestino está dando hacia su reconocimiento oficial. Y también me alegro porque es el resultado de un esfuerzo diplomático importante. Pero desgraciadamente la coyuntura actual no permite confiar en que estos pequeños-grandes pasos que estamos presenciando vayan a conducir a una pronta solución final.

 

Macarena Cotelo

Directora de Proyectos de la Fundación Promoción Social de la Cultura