En la presentación, el autor estuvo acompañado por Cristina Sánchez, periodista del Área Internacional de RNE y directora de Países en conflicto; y Pedro Baños, Coronel de Infantería y analista en geopolítica, estrategia, defensa, seguridad, terrorismo, inteligencia y relaciones internacionales.

Los ponentes y demás participantes llegaron a conclusiones de mucho calado en un tema tan complejo como éste.
Además, se señaló la importancia de los medios de comunicación y de su instrumentalización por parte del autodenominado Estado Islámico.

Los terroristas necesitan y buscan su publicidad a través de sus acciones, por eso, es importante cuidar el tratamiento que se da a las noticias. No sólo porque son «el oxígeno», como decía Margaret Thatcher, sino porque la sociedad tiene el derecho a ser informada de la manera más rigurosa posible y las víctimas de los actos terroristas a ser tratadas con la mayor dignidad posible.

El gran número de profesionales del mundo de la comunicación presentes en el acto permitió hacer autocrítica. Se habló sobre la rigidez en los formatos de los grandes medios de comunicación, las tensiones entre beneficios económicos y derecho a la información, pero lo que más se criticó es que la base de muchos programas sean las tertulias en las que contertulios fijos hablan de todos los temas de actualidad, lo que necesariamente lleva a que al menos algunos temas sean tratados sin rigor. El sensacionalismo en esta materia envía el mensaje equivocado, hay que provocar que la reacción sea «no tenemos miedo, no van a decidir por nosotros».

Se hizo hincapié en el riesgo de banalizar el problema, pues esto puede anestesiar a Europa o, todo lo contrario, bloquearla. Un tratamiento poco riguroso, sin duda, aumenta el número de europeos que se unen a las filas de los terroristas.

El autodenominado Estado Islámico conoce bien el mundo occidental, mucho mejor de lo que Occidente les conoce a ellos. La captación de europeos también se hace a través del entretenimiento, siendo los videojuegos instrumento de penetración en la vida privada de muchos.